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Algunas Tentaciones Del Político

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El ejercicio de la actividad política es una forma de servicio social muy respetable y necesario. Desde la óptica cristiana podemos afirmar que es una vía de santificación y forma de auténtica caridad. Sin embargo, al igual que otras actividades humanas, puede estar sujeto a desviaciones y tentaciones diversas.

 

 

Algunas de las más frecuentes:

 

• La politización de toda la vida: Es la situación de quien ve toda la realidad que lo rodea bajo la óptica de la política, entendida como camino para conseguir el poder, el gozar y el poseer. Quien vive así pierde el sentido de la gratuidad, no disfruta de las relaciones espontáneas y humanizantes; está siempre preocupado por salvaguardar los propios intereses y mira el mundo con mirada viciada: todo queda bajo el ángulo de la maquinación y de la lucha política.

Cuando se vive así se pierde el gusto por la donación, y las soluciones a los problemas vitales no se confrontan con valores superiores; se hace de la vida una ofrenda al “dios del compromiso político”, sin encontrar ni gusto ni tiempo para dedicarse a la educación de los hijos, a las relaciones familiares, al contacto sincero y gratificante con la gente, a la contemplación gratuita de la naturaleza y de los placeres estéticos.

• La partidización en las decisiones personales: Es la situación de quien ha perdido la libertad interior y ya no es capaz de pensar y decidir con independencia y según sus propias convicciones. Se convierte en autómata, porque sus criterios son los que le dicta su militancia partidista. Las decisiones con que responde a cuestiones de carácter social y moral las toma de otros, que son los dirigentes de la agrupación a la que pertenece; ellos son los que piensan y determinan por todos.

• El pragmatismo político: Es la tentación de quienes se manejan en base a conseguir resultados de eficiencia partidista, descuidando toda referencia a un cuadro de valores que deben inspirar y conducir con honestidad la acción política.

No es legítimo organizar la vida pensando sólo en un funcionamiento “políticamente correcto” sin atender a motivaciones profundas y a las consecuencias sociales de las decisiones que se toman.

No se puede tener como punto de referencia sólo el logro inmediato, descuidando el panorama más amplio que es posible prever cuando se tiene capacidad y destreza para ver con sensatez el futuro.

• Regirse sólo por la voluntad de las mayorías o de los poderosos: Es la tentación de quien identifica los criterios de moralidad, de la verdad y del bien, en base al método cuantitativo, según el cual es verdadero y bueno lo que piensa y quiere la mayoría. Quien se maneja políticamente así, sólo vive y decide en razón de sondeos y de encuestas. Los criterios morales los dictan los poderosos, los intelectuales y los medios de comunicación. Esta es la tiranía de las mayorías que mata el espíritu de la verdadera democracia. ¿Es siempre verdadero y moralmente válido lo que dicta la opinión pública o las costumbres imperantes?.

El auténtico político, con sentido de responsabilidad ética, sabe encontrar respuestas a sus preguntas haciendo referencia al orden moral interior del que brotan las acciones que conducen a un bien común superior.

Quien se rige por el principio de agradar siempre a las mayorías, quizá logre alcanzar éxitos y alabanzas por su eficientismo; sin embargo, esta es una forma de banalizar la acción política. Vale la pena subrayar que las decisiones, si no se basan en el respeto al hombre, en el orden moral y en los valores fundamentales, pervierten el ejercicio del poder y se convierten en causa de su ruina y de su misma destrucción.

 

† José G. Martín Rábago

 Arzobispo de León